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Voluntarios Pub07.12.2005 El miércoles 16 de noviembre, apareció un reportaje en el Diario El Comercio hecho por Nelly Luna Amancio quien fue acompañada por Miguel Bellido como fotógrafo. El cual narra el como se hace el servicio en el Voluntarios Pub. Mil gracias a los dos por lo que han generado. A continuación el artículo: SIN PAGO POR VOLUNTAD Meseros Solidarios. Hay un pub en Miraflores que todos los fines de semana abre sus puertas con el apoyo de voluntarios. Las utilidades del negocio financian proyectos sociales. Hasta ahí fuimos para conocer el trabajo que realizan decenas de jóvenes sin ganar un solo sol. Un mesero es protagonista del cálculo y el equilibrio. De la sonrisa obligatoria y la paciencia infinita. Cálculo para las cuentas y equilibrio con las copas de alcohol al ras. Sonrisa para el que hace hora toda la noche con una sola cerveza y paciencia con el borracho florero. Pero en Voluntarios, el pub miraflorino que debe su nombre y ganancias a sus empleados sin pago, un mesero debe ser, además, desprendido: no puede quedarse ni con las propinas. Cuando Miguel Bellido, el fotógrafo, y yo decidimos ir por una noche, solo sabíamos esto último. El resto lo aprendimos después. Esa noche de sábado, compartimos el esfuerzo de los voluntarios que desde hace un año vienen para donar su tiempo. La práctica del cálculo y el equilibrio llegaron con las horas; en nuestro caso, casi al amanecer, cuando el cansancio molía nuestras piernas y el sueño empezaba a desalojar lo poco que nos quedaba de paciencia y sonrisa. EL INICIO Luego de la escueta capacitación nos entregan las únicas herramientas de la noche: un lapicero, una carta de tragos, otra de comidas, un encendedor, un block de pedidos. También un mandil azul que en nada se asemeja al pedazo de tela que usan las azafatas en otras discotecas mostrando la cadera desnuda y el pantalón apretado. El mandil de Voluntarios llega hasta la rodilla y se parece más a las de una tímida vendedora de mercado que no quiere ensuciarse.
CAPACITACION. Quince minutos bastan para instruir a los novatos voluntarios
A las diez de la noche, la docena de meseros voluntarios están listos para el trabajo (al menos eso es lo que parece). Dos irán a la cocina, seis atenderán el primer piso, los demás, nos encargaremos del segundo. Encargar: garantizar la diversión y comodidad de los clientes de tu zona. Es nuestra primera vez para todos al otro lado de la cancha. Pero antes, las reglas. "Las propinas siempre se devuelven, no podrán beber antes, ni durante el trabajo, tampoco comer o fumar, el pub atiende hasta las tres de la mañana", dice el grupo de instructores. En este momento nuestro entusiasmo naufraga en la realidad. Miguel y yo hemos trabajado todo el día en el periódico. No hemos cenado. La meta: pasar toda la noche atendiendo mesas sin comer ni beber, sacando cuentas, corriendo de una mesa a otra sin que se te caigan las copas. A partir de ese momento un minuto no es dos sino tres.
DE 10 A 3. El Voluntarios Pub, abre sus puertas de miércoles a sábado para recaudar fondos.
¿Qué pasa si algún día no llegan los voluntarios? "Hasta el momento no ha pasado y no creo que pase. Siempre hay jóvenes con ganas de ayudar", dice Euding Maeshiro, director de la asociación. La aliada es Internet. Todas las semanas el equipo bombardea con correos electrónicos los buzones de ONG y jóvenes estudiantes, de universidades e institutos. Ellos los reenvían a otros y así empieza la larga cadena. Evelyn, una de las voluntarias, viene desde Lurín. Estudia computación en un instituto del Centro de Lima y dice que cuando recibió el correo, se apuntó junto con otras tres amigas. Ninguna había trabajado antes como meseras. Y menos gratis. Once de la noche. El bar abre sus puertas. Una pareja ingresa y José Luis, un estudiante de idiomas, decide atenderlos. Piden un par de cervezas. Toma el pedido, se acerca a la barra, las recoge, las lleva a la mesa, cobra por adelantado y se va. En eso la pareja lo llama nuevamente pero el mesero no está. Miguel irá solo para cometer lo que será su primer gran error de la noche. Le piden un destapador y él coge el puño de su chomba, envuelve la boca de la botella, la ajusta contra su cuerpo, forcejea y la abre. La pareja lo mira con una cara de "¿no tiene un destapador?". Los errores se fueron incrementando con la llegada de más clientes. Magaly, una empleada bancaria, derramó una copa de pisco sour sobre la mesa de sus clientes. Otra, Isabel solicitó dos piqueos cuando la mesa que atendió pidió solo uno. Al final, cerca de las tres de la mañana, Miguel perdió su cartilla de tragos. ¿Dónde la dejó? Nadie lo sabe.
EQUILIBRIO. Requisito indispensable para los inexpertos meseros. Llevar los cocteles son una pesadilla. COLGAMOS LOS MANDILES Los proyectos continuarán mientras existan voluntarios. La experiencia resulta interesante, pero muy agotadora. Durante seis horas, puse al límite mi paciencia y descubrí mi pésimo cálculo matemático. Recibí más de 30 soles en propinas, todo lo entregué. Ese noche juré nunca más quejarme por la demora de algún mesero. Cerrado el local, Miguel me dice que él volverá. Yo prefiero no responder.
EN LA COCINA. Los voluntarios también preparan los piqueos.Esa noche, las chicas demostraron que tinían buena sazón.
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Euding Maeshiro | Regidor de Lima Metropolitana |